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VIEjO LUGAR

Martín Dalto

A María Elisa y Matías

"Una ceñuda pizarra escolar, de pronto
dibuja sola una sonrisa.
Un campanario tenebroso suelta de
improviso un vuelo de palomas.
En la boca de un cañon asoma una
carita de niño tras las severas faldas
grises de la realidad.
Se llama Martín Dalto, cuervo joven,
bello, audaz en el vuelo.

Viejo Lugar es su primer libro.
Sus esquinas inquietan cuando
en el cruce las criaturas despliegan
sombras humanas."

Taller de Bella Unión, Uruguay



·ENCUADERNACIONES·HASTA QUE SALGA EL SOL·AMEN·PARAISO·

 

ENCUADERNACIONES

 

Llegó a tal punto su amor por los libros que mandó derrumbar el baño para agrandar la biblioteca. Cuando terminó el arreglo compró más ejemplares, ahora tiene diez mil seiscientos cuarenta. Se sacó una foto recostado a uno de los estantes de la biblioteca y la encuadró. Salió tan contento de su casa que le agradeció al paraiso de la esquina palpándole su rama baja, por darnos el preciado papel para nuestros libros.

Volvió con tanta alegría que antes de acostarse entró a la biblioteca encendió las luces y miró sus libros, el olor a madera nueva mezcaldo al olor de papel y tinta lo llenaba de placer.

Cargó el colchón de su cama y lo tiró en la biblioteca, miró las cuatro paredes de libros y apagó las luces. Al otro día se levantó y llevó el colchón para su cama.

Como de costumbre tomó su plumero de plumas de ganso; sacaba de a uno los libros, pasaba el plumero y volvía a ponerlo en su lugar. Después que terminó entró la mesa del comedor a la biblioteca, le puso un mantel, trajo comida, una silla y se sentó a comer. De tarde, a las cuatro y media se levantó de la silla y la sacó de la biblioteca junto con la mesa, abrió las ventanas para ventilar todo y salió.

Cuando ya estaba anocheciendo entró a la biblioteca, trajo el colchón de su cuarto y durmió. A las siete de la mañana se despertó, abrió las cortinas y empezó a mirar los libros. Estuvo asi hasta que sintió hambre, entonces trajo la mesa, la silla, un mantel del comedor y se sentó a comer su cotidiano plato de sopa de letras.

Terminó de comer se paró y miró los libros desde el centro de la biblioteca, leyó uno por uno los títulos, cosa que no era muy difícil porque todos eran el mismo libro.

 


HASTA QUE SALGA EL SOL

 

La comisión del club prometió "un baile hasta que salga el sol", con mucha propaganda y afiches por toda la ciudad. Comenzaría el día diecisiete de Mayo a las doce de la noche hasta que saliera el sol. Venían excursiones de los pueblos cercanos, los almaceneros cerraban más temprano y toda la gente se aprontaba para el gran baile.

A las doce y treinta dio comienzo, estaban todos en él, amigos, enemigos, ricos, pobres, negros, blancos. Todos bailaban sin diferencias en la pista, era un éxito total.

Llevaban ya ocho horas y el sol no aparecía pero la gente no paraba de bailar.

Pasadas diecinueve horas de baile, en un día totalmente oscuro, ya no había música que tocar. El baterista de la orquesta, fatigado, pidió para descansar. Se arrimó a la cantina, se sirvió un trago mientras leía en un diario que estaba allí, y decía: "17 de Mayo gran eclipse solar".

 

AMEN

 

Pedro entre estornudos rezaba antes de acostarse. Haber participado de la misa del Papa había sido muy lindo pero un poco agotador. Pedro se había hecho un té de limón pero seguía estornudando; se contagió el resfrío cuando le besó el anillo al Papa, quien sabe qué cristiano besó el anillo resfriado.

 

PARAISO

 

He subido al paraíso, no sé cómo lo hice. Fue todo tan rápido. De un solo brinco ya estaba aquí, mirándolos, mirando mi casa, niños jugando. Se ve todo tan lindo desde acá arriba. Se ve el barrio entero. Hay una brisa tan pura. Vuelan las palomas libres.

Me gustaría no bajar nunca de acá, pero tengo que hacerlo porque ahí viene mi padre con el hacha, dijo que hoy iba a cortar el árbol.


 


·UN ACORDE·LLANTO·SIN RUIDOS·LOS ESTUDIOS DEL DR. MESCO·



UN ACORDE

 

Se acostó cansado, vestido. La luz no lo molestaba.

Estaba cubierto hasta el pecho y los insectos lo ignoraban.

La almohada soportaba su cabeza de pelos negros y secos.

Los zapatos se enfriaban con los huesos de los pies.

Las manos a ambos lados marcaban cinco dedos en el colchón.

El hombre de ojos negros y fijos en el techo tomó la frazada y la arrojó a un lado de la cama. Esta golpeó una guitarra que estaba recostada en la pared, hizo sonar seis cuerdas que escuchó lejanas y vio su mano por última vez arañar las notas cansadas.

 


LLANTO

 

En la esquina de la calle Este, Elena encontró una lágrima. Se detuvo a mirar la pequeña laguna. Una laguna de aguas saladas y violentas con los más temibles tiburones y cangrejos asesinos, o de aguas calmas con cientos de peces de colores.

Quién habrá soltado descuidadamente esa gota. La señora del bolso azul, el guardia de seguridad que está parado en la entrada de la galería, el niño que está pidiendo con su latita o el señor que pasó con el portafolio.

Quién lloró en esta esquina, quién lloró en la esquina de la calle Este.

Ayer cuando salí a las seis no había nadie llorando y hoy cuando vengo encuentro una lágrima. Por qué llorar, por un amor, por una mala noticia, por encontrar todo igual cada día.

Elena cayó de rodillas sobre la lágrima y siguió llorando.

 

SIN RUIDOS

 

Me estoy convirtiendo en nada. En el mueble viejo que todos lo esquivan con la maniobra que la han desarrollado con los años.

Tengo los ojos hinchados, y la desesperación se la tragó con saliva mi garganta.

La tristeza es un pelo caído.

 

LOS ESTUDIOS DEL DR. MESCO

 

Siguiendo una tradición familiar, el Dr. Mesco habitaba la antigua casa ahora convertida en un laboratorio. Contradiciendo a los modernos y complejos aparatos de su inetrior, era el edificio más antiguo de la localidad

Las primeras investigaciones del Dr. fueron sobre insectos. Descubrió sus increíbles reacciones frente a las demás especies. Decía que tirándole dos o tres veces de las antenas a una cucaracha durante cuatro días ésta lo llevaría a su nido; o también que espantando a la mosca causaba una reacción que se podía medir en mililitros dado que la mosca bebía mucho.

El aspecto de la casa daba ciertas sospechas a la gente de la localidad, unos decían que el Dr. estaba creando un monstruo de tres cabezas, otros que estaba creando un hombre araña. Así como también habían quienes reconocían sus logros y los llevaban a la práctica. El Dr. conocía estos malos rumores pero él sólo trabajaba en los insectos, hasta que se le terminaron y empezó a investigar su propia especie. Decía que hablando con una persona durante dos meses sobre lo dulce que es el jugo de una naranja se podía llegar a una amistad muy natural, también que explicándole a los niños lo perfecto que eran nuestros órganos aprendían a contar más rápido.

El Dr. siempre dijo que para aprender una poesía de memoria antes había que bañarse en ayunas y sentado.

Fuera de todos los descubrimientos del Dr., el siempre afirmó que sólo un hombre que durante su vida estudia a los animales se da cuenta que el hombre es otro triste animal.

El Dr. murió pisado por un grillo.

 


·FLORES NEGRAS·ABERTURA·EL PLACER DE DORMIR·LA OPERACION·

 

FLORES NEGRAS

 

Mi abuela, a causa de la muerte del abuelo, mandó arreglar la casa. La vistió de azulejos negros.

A mí nunca me gustó ir porque me impresionaba, tal vez porque era muy chico. Mis padres cada vez que iban volvían llorando. Pocas veces me llevaban; mejor, pero yo quería ver porqué volvían llorando. Nunca se había habaldo tanto de la casa como ahora. La abuela decía que no era lo suficientemente grande para todos. Yo no sé, como casi no iba, sólo en fechas especiales. Me hacían poner el patalón oscuro y los zapatos negros, bien lustrados; no entendía nada, unos lloraban, otros se abrazaban alrededor de la casa, entrando de a uno, yo hacía lo que mamá decía.

Veía que mucha gente tenía casas parecidas a ésta y hacían lo mismo que nosotros.

Y ahora, descansando desde acá adentro me sigo preguntando porqué lo llamarán panteón.

 


ABERTURA

 

Don marco vivía en esa casa desde que había nacido. Era el único vivo de su familia, ya pasaba los cincuenta. Conocía tanto la casona que a veces de noche se olvidaba de prender las luces para ver por donde andaba. Sabía cada sonido y olor de las distintas habitaciones, todo esto conformaba su mundo mil veces recorrido. Siempre estuvo a gusto en su lugar, menos con la ventana de la última pieza del corredor. Eso había sido la eterna molstia. No era lo que se veía a través de ella ni su forma o material, sino su presencia.

Desde chico cuando me impedían acercarme a ella; la desaparición de mi hermano, la desocupación de la pieza, aquellas manchas salpicadas en el vidrio roto con cinco puntas afiladas desparejas. Mamá que me corría a gritos cuando yo me acercaba, más tarde optó por trancar la pieza. Después fuimos quedando pocos y más solos con muchas preguntas por hacer.

Don Marco los sábados hacía limpieza, hoy había decidido limpiar los adornos. Andaba con un balde, un poco de agua y un paño. Estaba limpiando una figura de porcelana sobre una mesita al fondo del corredor cuando torpemente derramó el balde. No era nada, simplemente con un paño se secaba y pronto. Pero el agua corrió por debajo de la puerta a la pieza de la ventana. El quería volver atrás y que nada hubiera pasado; tenía que entrar a secar el agua que tal vez había llegado hasta la pareded de la maldita.

Don Marco sacó un llavero con siete llaves de su bolsillo y puso una en la cerradura, la giró y tomó el picaporte. Sintió una línea fría que corrió por su espalda y empujó la puerta. Allí estaba en su frente, mirándolo con una irónica risa que él sentía en sus oídos. Tomó un pañuelo que colgaba de su bolsillo trasero y lo frotaba nervioso sin dejar de mirarla; sentía una extraña sensación frente a ella. Finalmente abierta la pieza, el olor a humedad, sentía todavía los gritos de mamá. El viento que entraba entre los vidrios rotos. Se secaba la frente empapada de sudor, el mentón le temblaba, tenía todo el cuerpo húmedo y las arrugas más hondas. Don Marco apretó sus manos y de un violento arranque, como un inmenso sapo verde saltó por la ventana.

 

EL PLACER DE DORMIR

 

Era en primavera el mejor día de invierno. La lluvia había parado y quedaban charcos e impenetrables caminos de barro. El viento traía el olor a grasa fundida, ardiente, que doraba las tortas fritas. El mismo olor venía de la cocina y del centro de la mesa confundido con el de yerba mate. A la radio ya no se la bancaba, pero era lo único que se atrevía a acompañar el silencio.

Cuando comenzó la tormenta Alberto dijo las mismas palabras que había dicho antes de acostarse; pero siempre dormido. Ya hacía una semana que dormía. Nadie hablaba, quizás por miedo al inexplicable largo sueño. Se había acostado un viernes diciendo estar cansado, hoy ya hacía quince días que dormía. Tenía la costumbre de decir todos los días a las tres y cuarto de la tarde lo que había dicho antes de acostarse. En la casa nadie más podía dormir. Todos se sentaban alrededor de la cama a mirarlo. Era como si Alberto, en su quietud les hubiese quitado la capacidad de dormir. El abuelo, con su tarquedad, dijo bien alto que ningún mocoso dormilón le iba impedir dormir. La abuela lloraba por la reacción de su compañero y le decía que no se iba a poder despertar más, pero él entre llantos y ruegos se acostó. Alberto desde el cuarto de al lado, cuando el abuelo se tapaba, gritó que no se acostara. Del susto, al abuelo se le fueron las mañas y rápidamente se sentó en la cama. Los llantos cesaron y todos corrieron al cuarto de Alberto, pero él seguía durmiendo. Ya eran las tres y cuarto entonces repitió como todos los días: -Qué cansado estoy! La abuela se puso histérica, corrió hacia la cama, se arrodilló y empezó a pegarle con las dos manos en el pecho.

Después de casi tres meses de sueño decidieron enterrar a Alberto. No lo habían podido despertar, y ya nadie podía estar sin dormir. Antes de entrarlo al cajón hicieron el último intento. Le tiraban agua fría con una jarra y lo sacudían, pero no respondía. Cuando lo pusieron en el cajón por fin abrió sus ojos, la abuela se tragó su llanto y empezó a hablarle, pero era inútil. En el cementerio esperaron hasta que fueran las tres y cuarto para ver si hablaba.

Ya era tarde y Alberto seguía de ojos grandes pero mudo. Nadie aguantaba la larga espera, entonces el abuelo dio la orden de taparlo, señalando al cajón en el fondo del pozo. Todos se fueron cansados.

En el silencio del cementerio se escuchaba la voz de Alberto contando ovejitas.

 

LA OPERACION

 

Aquel tipo estaba aburrido de ser un mamífero, quería ser ovíparo para poder poner huevos. Habló con varios médicos que le dijeron que acá no lo iba a poder hacer. Entonces fue al C.T.I. a Salto y de ahí lo mandaron a Montevideo. Fue al Clínicas y consultó. Definitivamente en el Uruguay era imposible hacerlo por falta de instrumentos, aunque hubieran médicos con capacitación para ello. Entonces se fue a Europa, allá sí lo podía hacer. Debía quedarse dos semanas internado, la operación iba a durar ocho horas.

Después de la operación quedó con plumas en vez de vellos y con cresta, pico no le pusieron por un problema de inhalación al respirar. Luego de estar dos semanas en el hospital se fue a su departamento que había comprado porque le resultaba más barato que estar pagando el hotel.

Cuando volvió los doctores le hicieron un estudio para conocer mejor su nuevo estado. Volvió a su casa muy contento. Cambió su cédula de identidad.

Después de haber ordenado sus cosas se preguntó con quién iba a poner los huevos.

Y el pobre murió solo... de angustia.

 


·ALERGIA·ESTRELLAS·CONFLICTO DE IDENTIDAD·SIMPLEMENTE UN PERRO·

 

ALERGIA

 

Quisiera que el almanaque fuera Octubre Diciembre. Noviembre era un infierno para él cuando empezaba con esos ataques de alergia insoportables. Su piel quedaba colorada, extremadamente sensible. No podía usar ropa. Odiaba tener que ir a trabajar y ponerse la camisa con aquella corbata anudada en el cuello que dejaba rebosante la carne colorada del pescuezo y la cara. Después sacarse la ropa delicadamente y meterse en el baño para soportar el agua como gotas de sal en el ojo.

Se levantó de madrugada con hambre. Desearía poder dormir parado. Sudaba, ya no soportaba las sábanas y los mosquitos eran verdaderas puñaladas. Tomó la carne de la heladera y la puso sobre la tabla. Su mano se distinguía de la carne apenas por sus pequeñas uñas. Cortó un pedazo desparejo porque veía mal con sus ojos empañados. Torpemente encendió la cocina y puso la sartén con aceite. Tiró el filet adentro.

Veía el techo de la cocina entre el humo de su fritura. Los gritos culminaron cuando le echaron la sal y le taparon la sartén.

No más Noviembres.

 


ESTRELLAS

 

Esa noche no dormí. No podía cerrar los ojos. Recordé lo que nunca pasó.

Esa noche no pude dormir, no me saqué la ropa. Ahí estaba la mujer que nunca entró en mi cuarto. Ni siquiera le miré la cara.

Esa noche no pude pegar los ojos; me acordé de lo que nunca tuve, y lo tuve otra vez.

Esa noche me acosté en la cama que tampoco tuve.

Todas esas noches.

 

CONFLICTO DE IDENTIDAD

 

Era el tipo más extraño que conocí. Tenía dos desodorantes, uno para cada brazo. Dormía en el piso por miedo de caerse de la cama. En su cocina tenía un gran espejo para verse porque no le gustaba comer solo. Se compró un auto y le pintó los vidrios de negro porque no le gustaba que lo vieran manejando. Nunca tenía azúcar en la casa por miedo a las hormigas. Su casa no tenía puertas para no tener que estar cargando llaves. Tenía el tiempo contado para dormir por miedo de no despertarse más. Vendió su auto porque contaminaba mucho. Guardaba todo por no tirar basura. Odiaba cualquier tipo de nube por temor a la lluvia.

Ese tipo tenía un desodorante para los dos brazos. Dormía en su cama. Tenía un auto sin vidrios para que lo vieran manejando. Siempre tenía un poco de azúcar. Su casa, para mí, era la que tenía más puertas en la ciudad. A veces dormía horas. Al cabo de unos años se compró otro auto. Lo que no le servía lo tiraba. Le encantaba mirar al cielo, sobre todo las nubes.

Ese tipo puso un espejo en su cocina para verse porque no le gustaba comer solo...

Y así hasta que se encontró.

 

SIMPLEMENTE UN PERRO

 

Javier vivía en un barrio como todos en la ciudad, sin perros. Había tenido serias discuciones con su esposa, a su hijo mayor ni lo consultó porque era un inútil que sólo dormía y el menor era muy chico para entenderlo. Javier le explicaba a su esposa que tener un perro era como tener un sexto sentido en la casa, para la seguridad de todos. Sus amigos le decían que se dejara de jorobar con sus ideas locas. Entonces se dio cuenta que tenía que largarse a solo a la aventura de comprar un perro. Era sólo juntar un poco de dinero. Contento pensaba en lo que le iba a dar de comer y qué nombre le iba a poner. Su mujer todavía no entendía la utilidad de un perro, y él le decía: -Nadie tiene un perro en el barrio, seremos los únicos, mi amor. Y le sonreía. -No vamos a tener que ir a buscar el diario, él lo traerá. Pero ella le hacía gestos negativos con la cabeza.

Después de unos meses, Javier ya tenía el dinero, y un lunes telefoneó desde el trabajo a su casa diciendo que no lo esperaran a comer. Se puso el saco, tomó el dinero, lo guardó en el bolsillo y salió. Entró en un almacén y preguntó: -Tiene perros? El almacenero sólo con escuchar esa palabra alzó su lomo peludo, erizó su cola y con sus fuertes garras echó a correr. Con unos pocos saltos ya estaba corriendo por los tejados despavorido.

Javier se puso a maullar desconsolado.

 


·FOSAL·DEL OTRO LADO·LA SOLUCION·PACO CAFE·

 

FOSAL

 

Era la primera vez que hacía una construcción donde sus futuros propietarios estaban todos muertos. Era su primera construcción para abajo, no precisaba andamios ni altos postes. Tampoco instalación eléctrica ni sanitaria, y era de un sólo ambiente, un cuarto; tenía que ser firme y segura para el largo sueño.

 


DEL OTRO LADO

 

Nadie se dio cuenta que Hugo se había ido. Cuando lo notaron ya estaba lejos. Su familia lo buscó por todos lados hasta que lo vieron del otro lado del río.

El comentario corrió por el pueblo. La gente decía "Hugo está del otro lado del río", "Hugo cruzó el río". Los más viejos cuando le daban la noticia se quedaban sin respuesta, y los niños no entendían nada. Se le consultó a Noé que era quien sabía de aguas pero no supo qué decir. La familia de Hugo creía que lo había cruzado nadando, pero era imposible, no podía haber nadado con las valijas.

Hugo saltaba y saludaba desde el otro lado cada vez que iban los grupos de personas a mirarlo y tratar de entender cómo lo había hecho. Ya era una costumbre ir después de mediodía a la orilla a verlo y buscar posibilidades. Hugo se sintió muy preocupado así que cruzó el puente y les explicó.

 

LA SOLUCION

 

Todos en el salón estábamos en silencio, cuando vi al orador recordé sus innumerables fotos en los diarios recibiendo premios y congratulaciones junto a importantes personalidades que preteden aumentar sus prestigios con fotos a su lado. Aquella cabeza grande con el pelo negro y su rostro serio, sus ojos que nunca pestañean. Una persona de mediana estatura con labios gruesos que saben lo que dicen y una mirada que parece saber lo que estás persando.

Yo estaba en las últimas filas donde el salón es más alto, podía ver al resto del público y escuchar bien el discurso. Primero habló del pecado original, de que el hombre según la Biblia es un ser pecador. No se refirió en ningún momento al castigo o al perdón. Habló también desde otros puntos, según distintas religiones. Después se refirió a la Segunda Guerra Mundial y su sangriento final, en esta parte pudo lograr realmente una fuerte emoción en el salón. Comentó este enfrentamiento armando sin detallar las causas.

Después de esta amplia exposición habló más llanamente mostrándonos los diferentes actos criminales cometidos en la calle, algunos casos locales.

Finalemente preguntó si nos había quedado clara la exposición que habia hecho, precipitadamente una persona contestó que sí; en realidad nadie tenía ninguna pregunta para hacer porque todos estábamos ansiosos por la segunda parte de la oratoria donde se iba a dar la solución.

Ya que nadie tenía nada para decir el orador pasó a la segunda parte, y en ese momento en el salón parecía que hubieran largado un gato y un ratón corriendo. Todos se paraban nerviosos, encendían pequeños grabadores y sacaban máquinas fotográficas.

-Bien... paso a la segunda parte de mi oratoria donde voy a dar la solución para la violencia en el hombre. Como ya hemos visto en la primera parte de mi exposición el hombre ha sido violento durante toda la historia. Para dar una solución primero debemos saber la causa. Según mis estudios realizados, afirmo que la causa de la violencia en el hombre se debe atribuir a la forma de la tierra. La tierra es redonda más exactamente geoide, y nosotros vivimos en ella sin más ni menos como si a un niño se le diera un solo juguete para jugar durante su niñez. Es cierto existen muchas cosas positivas en la tierra, se puede correr, gritar, saltar, se patea, y ahí se crea la violencia. La solución es apropiar nuestro planeta, debemos cambiar nuestro planeta a las siguientes características: deben ser dos planos llanos puestos horizontalmente y paralelos, uno sobre el otro separados; unos viven arriba y otros viven abajo, cabeza con cabeza. Nadie podría saltar porque al hacerlo chocarían con las cabezas de arriba, ni patear porque caerían en el suelo doloridos y después no se los podría saltar para sortearlos y seguir caminando. De esta manera desparece la violencia.

Los aplausos fueron unánimes.

 

PACO CAFE

 

Entré y me senté en la mesa de siempre, en el fondo sin luces ni ruidos de la calle. Las tablas del piso siguen haciendo la misma melodía. Toda la madera del café me miraba con la misma cara. La silla anunció que me sentaba haciendo crujir el tornillo de la pata. La mesa me dijo que podía dejar el bolso sobre ella. Paco trajo el café y lo dejó en el mismo ángulo, como siempre. Pero hoy no lo revolví doce veces, ni dejé la cucharita a la derecha del platillo. Ni tampoco lo tomé de seis tragos. Hoy lo miré y me devolvió la mirada. Luego levanté la cabeza y vi el resto de las mesas que se poblaban de a poco con gente de corbata. Pedían café, referscos, otros pedían imperial de jamón y queso. Paco iba y venía con su bandeja. Unos se levantaban, se ponían los sacos y se iban. Entraban mujeres de uniforme y comían empanadas en el mostrador. Las personas de las mesas cambiaban en pocos segundos, ya no caminaban, corrían. Todo andaba como en una película muda. Yo seguía recostado contra la pared con el brazo izquierdo apoyado en la mesa, viendo como todo pasaba cada vez más rápido. Las telas de araña iban de mis brazos al suelo y a la pared, el polvo había teñido mi ropa de gris. Mi taza ya estaba seca. Veía a Paco juntar las sillas, limpiar el piso, sacarse el saco blanco, trancar la puerta y a los pocos segundos abrir, acomodar las sillas y otra vez el bochinche de gente que entraba y salía. Yo estaba ahí, en mi lugar de siempre, inmóvil.

Las conversaciones rápidas y las corridas fueron disminuyendo hasta que todo volvió al ritmo normal. Yo seguía observando. Pero ahora desde lo alto del café, veía cómo Paco barría desde mi viejo lugar un montoncito de tierra fina.


Ilustraciones: Martín Dalto
Correo: mcmoraes@adinet.com.uy





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